El túmulo imprevisto, el muro tallado y el liche de la montaña | Turdas 28° Última semilla, año 201 de la 4ta era

     Estaba a punto de dormir, mi tienda de cuero mantenía el poco calor que despedía mi fogata, constantemente perturbada por los vientos gélidos que atravesaban las heladas montañas, tenía hambre, tenía sed, tenía frío, pero al menos podía cerrar los ojos un rato, después de todo, ningún depredador rondaría con tal ventisca ¿No?, sin embargo pude ver unas siluetas acercándose lentamente, atravesando la nieve y la maleza hasta hacerse visibles a la luz de mi fogata.
     Un sujeto corpulento con una armadura de acero adornada con finas correas de cuero iba al frente, traía una espada de caballero adornada con molduras doradas y tiras de lino color azul sobre su empuñadura, con una voz grave, reseca expresó sus intenciones, frunciendo el ceño, apretando su puño izquierdo y elevando su tono de voz lo suficiente para que lograra escucharle por sobre el rezumbido que provocaba el viento afilando las piedras de la ladera que había a mis espaldas. -Tu debes ser la que acabó con los bandidos en el colmillo roto, venimos a darte una lección-  

     Para ser sincera no sabía cual de las localizaciones que había visitado hasta el momento era llamada "El Colmillo Roto" pero podía ver el peligro de la situación en la que me encontraba, sus dos compañeros me miraban con pasividad en sus ojos, uno de ellos vestía una armadura de cuero, con pieles de oso cubriendo su torso y sus hombros, aparentemente resistía muy bien el frío, el otro de ellos vestía una armadura de hierro bandeado, podía ver los remaches incrustados en el metal que reflejaban las llamas de mi fogata, decidí no hacer movimientos bruscos, tendría que haber evitado una pelea que no era necesaria.

     -¿Quien te asegura que ese es mi nombre?, no soy un criminal, nunca lo he sido! en lo que a mi respecta la persona que buscas podría ser cualquiera!- Exclamé intentando elevar mi tono de voz lo suficiente, ya que el viento por momentos, era ensordecedor.

      -Fuimos contratados para encontrar a una mujer con armadura de cuero tachonada que se dirigía al norte, a la fortaleza Thalmor cercana a Mar de los Fantasmas, aquí no hay cazadores, aquí no hay granjeros, ni civiles, ni buhoneros, imperiales o capas, aquí solo hay agentes Thalmor y están todos muertos, debiste esconderte mocosa, somos tres contra ti, no puedes esconderte, no puedes huir con esta tormenta, has todo lo que te digamos y tal vez solo te cortemos una o dos extremidades.-

     El jefe de los bandidos hizo un ademan con su mano izquierda, apuntándome directamente con su dedo, acto seguido su subordinado, el bandido con armadura de hierro se acercó a mi, caminando lentamente, sostenía en su mano derecha una maza de acero y en su mano izquierda unas correas de cuero con las que seguramente, pretendía sujetarme.

     Al ver que no me iba a reducir, pretendía noquearme con su masa, aunque seguramente me causaría un daño mortal si golpeaba mi cabeza con eso, espere a que se acercara lo suficiente de entre las pieles que estaba usando para dormir dentro de la tienda, saque mi estoque, justo cuando vio mi movimiento para tomar algo de el suelo, el bandido se abalanzó contra mi, levantando su masa por encima de su cabeza para golpearme, yo di un paso desde mi posición para levantar una de mis rodillas y adelantarme a su movimiento, clavé mi estoque y pude escuchar un chirrido provocado por la fricción entre la piedra lunar de mi estoque y el hierro de su armadura. El luminoso estoque se veía opacado por la sangre que brotaba de su cuerpo. Lo intenté un par de veces pero no pude sacar el estoque, se quedó atorado en la armadura y el cuerpo del bandido, que aún intentaba no ahogarse con su propia sangre, cayó al suelo junto con mi arma.

     El jefe bandido y el tipo con la armadura de cuero se lanzaron inmediatamente a las armas, desenfundando ambos sus espadas -Te voy a hacer pedazos!- exclamaba el jefe bandido mientras caminaban de forma muy amenazante y muy rápido a mi ubicación, la situación había pasado ya de un intento de secuestro, o tortura, o violación, a un intento de asesinato, "a veces el peor de lo casos no es la muerte" pensé en ese instante. Tomé el maso con el que el primer bandido intentó golpearme para bloquear la espada de hierro que se dirigía directo a mi garganta, mientras el jefe bandido esperaba que su compañero se abriera paso para rematarme.

     Saltaron chispas del choque de nuestras armas, abrase al bandido con mi mano izquierda y tire de su hombro hacia atrás para des equilibrarlo, el bandido intentó reincorporarse para golpearme con su espada y cuando se abalanzó sobre mi, lo jalé para usar su impulso y lanzarlo sobre la tienda, un instante después la espada del jefe bandido rasgo mi hombro izquierdo, el jefe bandido abanicando su opulenta espada cedió ante la inercia de su propio ataque, la punta de su espada abrió mi armadura por el hombro y una herida superficial se hizo notoria inmediatamente pero el arma siguió su camino hasta que el bandido tuvo que re acomodar su pierna derecha para evitar desequilibrarse. En esos pequeños instantes de ventaja tomé mi lámpara de aceite y la aventé contra el bandido en la tienda, al estrellarse el cristal una llamarada se manifestó inmediatamente, mi tienda entera comenzó a arder con el bandido adentro que comenzó a gritar con una voz desgarradora mientras su piel se chamuscaba.

      Antes de que el jefe bandido se reincorporase, corrí a la oscuridad, el viento me impedía seguir una trayectoria regular, intenté buscar a mi caballo pero seguramente estaba refugiándose entre los arboles por el viento, dentro de la oscuridad, donde solo podía ver un tenue vislumbre que indicaba donde estaba la fogata de mi campamento, podía escuchar al jefe bandido gritándome, intentando encontrarme, por fortuna, encontré una cueva, o eso parecía.

     
     No podía ver casi nada, no llevaba más mi lampara conmigo, lo único que pude llevarme fue mi mochila, que tenía mi arco atado a una de las correas, tenía solo unas pocas flechas y casi no podía ver, pero podía escuchar mucho mejor de lo que escuchaba afuera en la ventisca. Decidí no avanzar en la caverna por el momento, pude escuchar al jefe bandido entrando cuando un par de rocas se deslizaron hacia afuera por lo que tomé posición.

     Tensé mi arco tanto como pude, pude distinguir su silueta perfectamente con el vislumbre de la noche que dibujaba figuras monocromas al centro de la fisura enorme que formaba la entrada de aquella cueva y disparé. Una flecha tras otra le impedían al bandido reincorporarse, algunas de mis flechas rebotaban sobre su armadura pero otras se quedaban clavadas en sus brazos y piernas hasta que el tipo quedo sobre una de sus rodillas, cediendo ante el penetrante dolor de las puntas de cristal de aquellas flechas que fabriqué en Carrera Blanca. Le dí el tiro de gracia para registrarlo, recuperé tantas flechas como pude, encontré en sus pertenencias una botella de aguamiel nórdica, que me alivió un poco, el bandido llevaba una lampara consigo, ya casi sin aceite, no podía regresar, no tenía idea de donde estaba mi caballo, decidí seguir adelante.



     Arco en mano y casi a tientas avance a lo profundo de aquella caverna, se escuchaba un ensordecido sonido de el viento golpeando las rocas, como si las corrientes resonaran e hicieran vibrar los muros, un vislumbre verdoso se hizo notar cuando mis ojos se acostumbraron, había algunas setas y un musgo extraño en las rocas que emanaban un brillo natural, no me permitía ver a detalle pero podía distinguir siluetas, podía ver rocas cercanas a mi, una estructura extraña parecida a una tienda de acampar, una figura humanoide.

     Tenía las orejas puntiagudas de un elfo pero era muy pequeño, sin cabello y de una complexión delgada y huesuda, parecía una especie de cadáver, inmóvil, apenas di un paso para intentar verle mejor y pareció haberme escuchado, de dio vuelta y corrió para perderse en la oscuridad, se movió libremente como si supiera perfectamente donde esta cada roca de la cueva. Al avanzar un poco más me percate de que en realidad si era una tienda de acampar lo que había visto en primer lugar, al menos, algún tipo de guarida, no quise revisar su interior, me apreció que encontraría unicamente cosas desagradables y considerando que tenía que ir a tientas, decidí seguir adelante. Era muy difícil ver obstáculos en algunos puntos de la cueva donde no había follaje que dibujara sus siluetas en la oscuridad así que tuve que avanzar despacio.


     Encontré un pasillo donde pude sentir una helada corriente de aire, por lo que supuse que en esa dirección debería haber una salida, sin embargo al final del pasillo podía ver dos siluetas como la de antes, estos seres delgados que estaban viendo a mi dirección, sentía que en realidad podían verme, prepare mi arco y apenas tome una de las flechas las criaturas se abalanzaron hacia mi, logré colocar una flecha en el pecho de uno de ellos, el otro me hirió con un arma con filo, tuve que golpearlo con mi arco y enterrar una flecha en su cabeza con mis propias manos ya que no tenía ninguna otra arma a mi disposición en ese momento. Inmediatamente luego de terminar el combate, pude sentir mucho dolor en la herida que me provocó esa criatura, no tuve más remedio que encender la lámpara, aunque sabía que no tenía más que unos minutos de luz. Pude ver que en la herida en mi brazo, estaba ennegrecido el borde, más como un tono azulado, el dolor se expandía y sentía como me debilitaba el brazo completo poco a poco, ese maldito me había envenenado, no tenía mis pociones conmigo así que solo podría optar por aguantar hasta que pasara la tormenta y salir de ahí. Luego alumbre el cadáver de aquella criatura, la más cercana a mi, su piel grisácea lo hacía parecer como si nunca en su vida le hubiera dado el sol, con un tono rojizo, su boca estaba tupida de delgados y afilados dientes, como si fuera un pez carnívoro, no tenía nariz, era como si fuera alguna subespecie de reptil, tampoco tenía ojos, la carne cubría desde su frente hasta sus pómulos dejando únicamente unos vestigios de cuencos en su cráneo, sus armas y armadura estaban hechas con restos de alguna criatura subterránea con un caparazón negro y pequeñas pústulas verdes como si fueran ojos, su apariencia era realmente nauseabunda pero aun más impresionante ¿Como es que me ubicaron? esta claro que esas criaturas son ciegas, tal vez tienen algún sentido agudo como algunos animales, ahora sabía que debía andar con cuidado.

     Finalmente llegue a una salida, el viento había amainado bastante pero aún caía mucha nieve y se sentía muy gélido afuera, espere unas cuantas horas hasta que la nieve se detuvo, entonces salí y silbé con todas mis fuerzas una y otra vez, mi caballo llego a mi luego de un par de minutos, por fortuna, mis pociones se encontraban en su montura y pude recuperarme de mis heridas, incluido el envenenamiento que de por sí, parecía menguar su efecto con el tiempo. 

     Regrese un poco en el camino ahora que el clima era mejor para recuperar cualquier cosa que estuviera en mi tienda y hubiera sobrevivido a las llamas, se quemaron mis pergaminos pero pude recuperar unos cuantos diamantes y rubíes que estaban entre las cenizas, también me hice de un par de porciones de patatas asadas que guardaba el bandido que atravesé con mi estoque, pretendía recuperar también mi arma pero al parecer se había roto en el impacto cuando el bandido cayó al suelo con mi arma atravesándole el pecho, había nieve y ceniza por todo el lugar y no podía encontrar otra arma así que emprendí mi camino nuevamente. Subí la montaña por un camino improvisado de piedra, tenía esperanzas de poder ubicarme desde lo alto para emprender camino a la civilización pero no me fue posible, en su lugar, en la cima encontré un túmulo donde parecían estarse refugiando unos bandidos, supuse que los bandidos tendrían más alimento y agua así que use mi arco para asaltarlos, maté a 4 bandidos desprevenidos y pude conseguir un poco de provisiones, dos de ellos estaban fuera del túmulo, los otros dos, estaban dentro, en la segunda recamara.

    Debí haberme retirado del lugar pero tuve la sensación de que si me iba no tendría motivos para regresar a hacer otra expedición, me reabastecí de algunas flechas que tenían los bandidos y tenía tome de entre sus pertenencias una espada de acero imperial, por lo que decidí aventurarme mas adentro en las catacumbas.

     Al principio pensé que había más bandidos, podía escuchar sus pasos en las recamaras contiguas, desearía haber tenido razón, el lugar estaba infestado de muertos vivientes, parecían cadáveres ya con mucho tiempo de haber sido disecados, todos portaban armas características de un acero pardusco oscuro, tenían unas molduras que las hacían parecer talladas con runas, el acero con el que estaban forjadas sus armas tenían algo distinto.


      Tuve una dura batalla con estos seres, soltaban palabras que no podía entender con una voz gutural que hacía vibrar mis tímpanos de tal forma que me llenaba de terror, a la mayoría pude habitarla a distancia pero uno de ellos, empuñando un mandoble logró acercarse lo suficiente, recibí un fuerte golpe de su espada que solo pude amortiguar con mi arco, pensé que se haría pedazos pero resistió, yo recibí mucho daño pero pude reducirlo luego de saltar a un costado suyo y disparar unas cuantas flechas.

     Dentro de aquella cámara encontré mas cuerpos de bandidos, al parecer habían intentado limpiar el lugar entre tres de ellos pero habían sido superados, tomé las provisiones que pude de sus cuerpos y descanse unos momentos para seguir adelante.

     Mis heridas estaban tardando demasiado en sanar, generalmente mi capacidad re generativa no era tan lenta, es verdad que siempre fui diferente a cualquier ser humano común y corriente, pero aún en ese momento, con mi regeneración muy menguada, podía recuperarme de mis heridas con mucha mayor rapidez que cualquier hombre promedio.

      Entre, sinceramente con un poco de terror, a la cámara contigua, estaba vacía, no había ninguna criatura en ese lugar, en cambio pude encontrar una forja y estantes con ingredientes y materiales, los ingredientes que había eran sales de fuego y algunas plantas y había algunos materiales para forja como lingotes de acero y hierro. Fue entonces que se me ocurrió una idea, saque de mi bolsa un pedazo de piedra lunar que había recogido de mi espada rota y busque en mi mochila unas cuantas piedras de luna que me habían sobrado, por fortuna no pesaban lo suficiente como para haberlas considerado un estorbo. Tome las sales de fuego y las vacié en la forja, que estaba llena de madera y carbón viejo y lance una antorcha para poner la forja a funcionar, derretí mi mis piedras lunares y agregué un pedazo de acero para hacer una aleación que me permitiera hacer una espada nueva. Esta vez tardé cerca de 5 horas forjando una espada, en la oscuridad solo interrumpida por las brazas de la forja y al final, mis heridas casi desaparecían y una nueva espada brillaba en mi cinturón, así fue que seguí adelante.

  Conforme iba avanzando encontraba de vez en cuando uno o dos reanimados tan viejos como los primeros que encontré, conforme iba avanzando también utilice algunas antorchas que encendí de la forja para iluminar aquellos pasillos oscuros, si algo aparecía, no me tomaría desprevenida. Luego de avanzar por unas cuantas recamaras en las que pude recoger joyas y piedras preciosas de las vasijas que las adornaban, encontré una cámara con cuatro pulsadores y una marca representando a un animal distinto cada una de ellas, al otro lado de la recamara una reja de acero bloqueaba mi paso y podía leer una escritura, una adivinanza: "El primero se come a todo, el segundo no teme a nada, el tercero come cuanto puede, preferiblemente al primero, el cuarto teme al segundo pero solo si están solos". Los animales representados bajo cada pulsador eran un zorro, una serpiente, un oso y un lobo. Los pulsé de tal forma que coincidiera con las inscripciones de la puerta pero me equivoque en mi primer intento y de la estructura central cayó una lápida que liberó a un muerto con el que tuve que combatir, afortunadamente pude resolver la adivinanza en mi segundo intento, de no ser así, temo que algo más habría salido a castigar mis fracasos.

     Cuando la puerta se abrió, me encontré con un pasillo largo que iba cada vez más profundo, había velas encendidas en estructuras antiguas que adornaban el lugar, dando una tenue iluminación e indicándome que el lugar estaba siendo custodiado, por muertos probablemente.

     No me imagino el poder que debe tener una maldición para reanimar un cadáver durante tanto tiempo, los antiguos nórdicos provenientes de Atmora probablemente datan de la primera era, los nigromantes que he conocido hasta ahora unicamente pueden reanimar un cadáver durante una o dos horas y el hechizo desaparece si el nigromante es incapacitado, entonces, ¿Que terrible maldición cayó en estos lugares?


     Como supuse, encontré a un no muerto en la cámara al final del pasillo, tenía un arco que desenfundó en cuanto se percató de mi presencia, como yo pude verlo instantes antes, me dio tiempo de tomar mi arco y asestar dos flechas en su pecho, lo que provoco que su cuerpo impactara contra la pared y cayera incapacitado al suelo, como lo había estado haciendo desde que entre a ese lugar, rapiñe todo lo que pude de su cadáver, incluidas sus flechas.

     Las cámaras contiguas estaban cada vez más deterioradas, hasta que un pasillo paso de ser una antigua construcción con estructuras viejas y polvorientas que la adornaban a una caverna, con paredes de piedra cubiertas de telaraña y huevos de arañas congeladoras a las cuales podía escuchar en lo profundo, ocultas en la oscuridad.

     Accidentalmente pise un hilo de seda de una de las telarañas en el muro, cuando levante mi pie di un tirón a la telaraña y casi pude escuchar como vibraba y oscilaba suavemente como si la moviera el viento, en una onda que recorrió todo el pasillo hasta perderse en la oscuridad, inmediatamente pude escuchar los sonidos de sus delgadas pastas golpeteando la tierra, dirigiéndose a mi, preparé mi arco y casi no pude esquivar los pequeños y corrosivos proyectiles de veneno congelador que me lanzaban desde lo lejos, di un salto hacia atrás y comencé a disparar flechas ahí donde veía movimiento.


     Eran tres arañas congeladoras, que pude reducir a punta de flecha antes de que se acercasen demasiado como para clavarme sus colmillos, tomé uno de mis frascos vacíos de veneno para llenarlos con los restos de veneno congelador de las tres arañas. Conforme iba avanzando las telarañas eran más densas hasta que tuve que utilizar mi espada para abrirme camino a un angosto pasillo con una puerta de hierro adornada con marcas nórdicas antiguas.


     La habitación a la que accedí posteriormente también estaba habitada con muertos, las brazas en los pedestales a mis lados se encendieron inmediatamente como por obra de algún hechizo, supongo que el objetivo sería que los muertos pudieran verme tan bien como yo a ellos, al menos esto es señal de que no voy a encontrarme con vampiros aquí o cualquier otra criatura que pueda ver en la oscuridad.

     Los muertos reanimados de por si no tienen una capacidad de reacción muy extraordinaria, este tipo de criaturas en específico que, ya debe tener varios siglos o incluso milenios de antigüedad, no son muy veloces pero temo que su fuerza me supere si se acercan demasiado así que procuro eliminarlos a distancia para asegurar mi supervivencia.

     Ni si quiera me pasó por la cabeza utilizar los venenos que recogí de las arañas en las cámaras anteriores, ni veneno ni enfermedades, posiblemente ni algunos tipos de magia tengan efecto sobre los no muertos.

     Como la iluminación era bastante decente en ese lugar pude acertar fácilmente a sus cabezas permitiéndome eliminarlos con menos proyectiles de lo previsto, fue crucial para esta expedición no planeada ya que en un principio no contaba con flechas suficientes pero dado que uno de cada tres cadáveres eran arqueros, pude acumular bastantes más proyectiles de los que perdí limpiando el lugar.

     Al final de la cámara había unas escaleras con unas puertas grandes y escrituras en runas nórdicas, pude ver a otro cadáver custodiando el pasillo, como los demás no me habían causado problemas no supuse que este sería diferente, tensé mi arco armada de confianza y lo ataque. El cadáver caminaba inmutable desenvainando su espada y haciendo ruidos secos, entre cortados y guturales con su reseca garganta, mis flechas no hacían mucho daño y no podía detenerlo con el impacto continuo de mis proyectiles.

     Cuando llegó al borde de las escaleras, sacó su pecho, como si estuviera tomando aire, abrió completamente sus brazos y literalmente me gritó "Fus... Ro... Da!!", literalmente con su grito, emanó una onda expansiva que retumbó en todas las paredes, me ensordeció y me lanzó a unos tres metros de distancia, el impacto de la onda sónica no me provoco demasiado daño pero caí sobre el piso de piedra con mi espalda y eso sí que fue doloroso. No conozco ese tipo de magia, nunca la vi, es verdad que varios hechizos requieren una gesticulación y unas palabras para materializar el efecto mágico pero esto es totalmente distinto. Mi arco salio volando y el no muerto se acerco demasiado como para darme tiempo de correr a recuperarlo, desenvainé mi estoque para parar el golpe de su hacha, me hizo daño pero al menos el filo no alcanzó mi carne, pude des equilibrarlo un poco en su próximo intento de atacarme y aproveché para hacer tantos cortes y estocadas como pude, hice bastante daño pero no era suficiente.

     La diferencia entre este no muerto y los anteriores era abismal, no había comparación, aún con unas siete u ocho flechas clavadas en su pecho y brazos seguía blandiendo su hacha y acercándose a mi como si nada le hubiera sucedido, por más heridas que le causaba, por más veces que perforaba su armadura, su capacidad de ataque no menguaba. En un momento estuvo bastante cerca de mí como para atacarme abiertamente con su hacha pero en lugar de eso abrió sus brazos y tomó aire nuevamente, tuve que saltar a un lado, rodando sobre mi misma para flanquearlo y alejarme, si grito salió despedido hacia adelante y no me hizo daño pero golpeo las paredes y sentí como si todo el suelo se moviera, del techo cayó tierra que se desprendió con la sacudida, si me hubiera dado con su grito temo que me habría hecho pedazos.

     Pude recuperarme rápidamente para atacar a su cabeza con mi estoque, pese a que estoy segura de que perforé su cráneo en repetidas ocasiones, el cadáver no cedió hasta mi cuarto intento, la criatura se postró sobre sus rodillas y se desplomó al suelo dejando su cuerpo tendido boca abajo, esperaba que ese  hubiera sido el guardián superior de las catacumbas.

     Las escaleras me llevaron a algunos pasillos sin muchos objetos de interés pero que iban en constante ascenso, suponía entonces que era el final de las catacumbas y me sentí un poco aliviada, el camino fue largo y agotador, estimo que subí aproximadamente un kilómetro por pasillos oscuros y silenciosos donde solo podía escuchar la gélida corriente de aire que provenía del exterior, eso al menos, era una buena señal.

     Cuando alcancé la superficie, me encontraba en lo alto de una montaña, entre estructuras curvas adornando las entradas del túmulo, de pronto sentí que no estaba sola, escuchaba alabanzas en la lejanía, un cántico de voces nórdicas, di fónico y por momentos estruendoso. Al fondo había un mural con inscripciones, al principio pensé que serían inscripciones rúnicas pero no parecía nórdico antiguo, pese a que había palabras bien detalladas en un lenguaje que no conozco, parecían estar dibujadas con un cincel, me temo que una criatura muy fuerte tendría que haber escrito eso, parecían talladas en la misma piedra hechas con un objeto punzo-cortante, una espada, una lanza, una garra... Llamaba mi atención una palabra en especifico que vislumbraba, más fuerte conforme más me acercaba, la roca parecía ponerse al rojo vivo en esos glifos, emanaba una sustancia incandescente, etérea, los cánticos eran mas estridentes cada vez, mi vista se nublaba y lo único que podía ver era el fuego intenso que salía de los surcos tallados de aquellas runas, creo que no lo pensé, actué por instinto meramente, puse mi mano sobre el muro, no estaba caliente, la energía y el fuego emanando de las escrituras rodeó mi cuerpo y mi cuerpo comenzó a absorberlo inmediatamente, conforme iba asimilando esa energía las runas se apagaron, los cánticos cesaron, no se que significa esto, pero tampoco tuve mucho tiempo de pensarlo.


     Frente al muro había una enorme lápida que pasé por desapercibido, no pensé que fuera relevante revisar el área por que a final de cuentas, cualquier tesoro debería estar dentro de las catacumbas, eso incluye a las amenazas potenciales pero una vez mas me equivoqué. 


     La lápida se abrió y de ella se levantó una criatura, levitando, vestía una túnica ceremonial y portaba una máscara con un diseño que no había visto en otro lado aunque no parecía ser muy ostentosa, inmediatamente sus manos se llenaron de magia y comenzó a lanzar estacas de hielo que por muy poco logré esquivar, nunca tocó el suelo, era como si sus pies lo rechazaran de forma natural y solo se desplazaba suavemente a unos centímetros de altura. Debido a que emergió de una tumba estaba claro que era un no muerto pero también era el mago más poderoso con el que había peleado hasta el momento, los proyectiles que me lanzaba eran gigantescos y los impactos dejaban marcas sobre la piedra, cualquier error y era más que claro que moriría en ese lugar.

     Descargué tantas flechas como pude, la noche ya nos había alcanzado pero sus hechizos iluminaban gran parte de la montaña, en un momento de suerte bajo un poco la cuesta y pude resguardarme entre las rocas, conjuro una enorme criatura de hielo pero no pudo subir hasta mi posición, con un par de flechas lo hice descender hasta que lo perdí de vista. Las flechas se agotaban, una tras otra impactaban en su armadura pero el daño aparente era mínimo hasta el punto en que parecía un alfiletero viviente. De pronto lanzó un hechizo al suelo y una columna de agua tras otra comenzaron a estallar frente ami, como si un géiser apareciera bajo mis pies cada que me movía, di tres o cuatro saltos a los lados para esquivar las explosiones de agua pero no fui lo suficientemente rápida, una de ellas me alcanzó y fui despedida a varios metros, caí en la nieve pero la brutal fuerza del agua me hizo bastante daño.

      El tiempo pasaba, las flechas cada vez eran menos y acercarme era demasiado peligroso, lo intenté en un par de ocasiones y el espectro invocó un manto de hielo que me provocaba un daño intenso cada vez que me acercaba, la única manera de sobrevivir era mantener la distancia para evitar sus hechizos de contacto y tener suficiente espacio para anticipar sus proyectiles mágicos.

     Legó un momento en el que la criatura intentó detener mis flechas con un hechizo de custodia, más por que estaría enfadado que por el daño que le había provocado. Como suponía que era un no muerto y la custodia era un hechizo de restauración probablemente le estaría costando mucho más trabajo del que aparentaba mantener su hechizo, seguí descargando flechas sobre el para obligarlo a mantenerlo, aún cuando la custodia no es ideal para repeler ataques físicos.

     Cuando su hechizo de custodia se desvaneció supe que era mi momento, era una apuesta peligrosa pero tenía que hacer algo antes de que mis recursos se agotaran, supuse que sus reservas mágicas se habían agotado así que solté mi arco y corrí mientras desenvainaba mi estoque. Como lo suponía, esa cosa ya no tenía suficiente poder para generar un hechizo de manto de hielo, logré acercarme lo suficiente para clavar mi estoque en su pecho varias veces, finalmente su cuerpo estalló en una nube negra de partículas similares a la ceniza que inmediatamente comenzaron a caer al suelo, dejando unicamente su atuendo y su máscara entre sus restos.

     Recogí su capa y su máscara, quería saber que clase de ente es el que me había enfrentado y tenía que saber que clase de maldición adquirí a través de las runas escritas en aquel mural.

  
     Toqué mi cuerno para llamar a mi caballo una vez que baje la montaña, tenía que atender mis heridas, tenía que saber que era esa cosa, tenía que conocer acerca del hechizo en la roca, no podía esperar a llegar hasta carrera blanca, viaje tan rápido como pude a Soledad una vez que encontré el camino.


      Estaba herida, sucia, mi equipamiento y economía empeoro mucho en estos días, tengo que descansar, recuperarme, conseguir algo que me de más protección y pensar en un plan para evitar estar en apuros la próxima vez que me encuentre en una pelea difícil, sobre todo si planeo acudir al llamado de Meridia, sobre todo si seguiré peleando contra no muertos, mis armas no son efectivas, tengo que prepararme para acabar con todas esas criaturas que se interpondrán en mi camino para obtener las reliquias daedricas.





Comentarios