La máscara de Volsung | Fredas 29 Última semilla, año 201 de la 4ta era

     El frío desapareció, una niebla densa ocultaba el mundo a mi al rededor, escondía algo dentro de lo que ya estaba escondido, no estaba en ningún lugar, al menos no en el mundo de los vivos...





     Aún era Turdas, fui directo al Skeever Travieso para descansar, dormir un poco, asearme, alimentarme, esas molestas necesidades de los mortales. Use algo de tiempo para inventariar mis materiales e ingredientes y por la mañana, en cuanto abrieron el mercado fui a casa de la alquimista de la ciudad para experimentar un poco, tomar apuntes, aprender efectos de los ingredientes que había recogido, hice muchas pociones, no muy buenas pero recupere algo de oro vendiéndolas y almacenando unos cuantos venenos extra. También aproveché para vender todos los objetos valiosos que pude encontrar, ese día gane unos cuatro mil septims comerciando en la ciudad. Cuando terminé me dirigí con el herrero, que ya me conocía, para comprarle un poco de cuero y lingotes de coridión para forjar un nuevo tipo de armadura, el material que conseguí con el herrero me basto para deshacerme de mi armadura de cuero y mejorar mis armas, también conseguí una nueva espada, mas apta que mi anterior estoque, lamentablemente no encontré algún material que pudiera servirme en contra de no muertos.

     Eran las 9 de la mañana, antes de salir de la ciudad fui a investigar sobre lo que había visto en aquel túmulo por la madrugada, el sacerdote de Arkay de la ciudad me dijo que las catacumbas de todo Skyrim están custodiadas por Draugr, son antiguos guerreros hechizados para resguardar los templos y los tesoros que se ocultan ahí, se desconoce si el hechizo proviene de una sola persona o es un tipo de encantamiento desconocido hasta el momento. Le mostré la mascara a el sacerdote, puso una cara de terror inusual de forma inmediata antes de contarme lo que sabía: -Muchacha, esto es mas una leyenda que algo debidamente escrito en la historia, se dice que en tiempos ancestrales existían hechiceros tan poderosos que hicieron un pacto con los Dovah, una raza superior, estos hechiceros tenían tanto poder que ni si quiera podían morir, cuando los Dovah se fueron, su poder se apago pero sus almas quedaron encerradas dentro de sus templos, si lo que me dices es verdad, tu acabaste con el liche de un sacerdote dragón-.

     Nada de todo eso me sonaba en realidad pero la descripción final si que coincidía con un liche, un ser entre la vida y la muerte, incapaz de resucitar y maestro de las artes arcanas, tome la máscara que le había mostrado al sacerdote para guardarla nuevamente, -Entonces, ¿Esto vale algo?- El sacerdote sentado en su banco de madera junto a la chimenea, entrecruzando los dedos de sus manos mientras apoyaba sus antebrazos en sus rodillas, lo pensó muy bien antes de decírmelo. -Si, supongo que vale algo, se supone que solo los mas poderosos tienen estas mascaras, se dice que cada una le otorgaría un don distinto a su portador, son objetos mágicos muy poderosos, ningún mortal debería usar esos artefactos -

     Como el hombre de Arkay no tenia mas información para mi, salí del salón de los muertos de la ciudad, aún debía investigar sobre esas arcaicas escrituras en roca y el aparente hechizo que recibí de ellas, el sacerdote no me dijo nada al respecto, lo único que pude averiguar fue que esa lengua es nativa de los llamados "Dovah" por lo que esta muy relacionado con los sacerdotes dragón. 


     Preparé mi equipaje nuevamente y subí a mi caballo para dirigirme a Carrera Blanca, esta vez decidí tomar otra ruta, por Laberintia, se que en su momento pase por ese lugar, ahora se que según las leyendas, las máscaras fueron forjadas ahí, tenía que regresar a ese lugar.

     Apenas me acerqué un poco a las montañas al otro lado del río, la temperatura bajo demasiado, comenzó a llover, el agua estaba casi congelada, la humedad aumento tanto que podía sentir como la tela entre mi armadura se endurecía. Necesitaba encontrar un refugio para calentarme antes de que la temperatura bajara a niveles peligrosos. Por desgracia no tenía material para hacer una fogata, no podía desperdiciar tiempo buscando madera por que la temperatura estaba bajando demasiado rápido y mi tienda de campaña se había quemado, solo podía seguir adelante y esperar tener suerte.

     Cuando pude llegar a Laberintia ya tenia mis extremidades entumecidas, pese a que mi objetivo principal era indagar sobre las máscaras, sobrevivir a la exposición al frío se había convertido en mi prioridad. Apenas adentrándome mi caballo se asustó, reparó y se alejo rápidamente, yo caí a un costado sobre la nieve, un troll de las nieves corría moviendo sus enormes brazos a los lados para abalanzarse y dar pasos más grandes. Use mi arco para acabar con el, esta vez prepare una botella de aceite que lance hacia el para empaparlo en combustible y luego lo ataque con flechas ígneas, su cuerpo se encendió rápidamente, lo que le impidió regenerarse. Cuando el troll cayó, pude escuchar a otro de ellos en la niebla, no podría quedarme mucho tiempo, apenas podía correr, subí un montículo de piedra que estaba cubierto con nieve para intentar ver alguna estructura en la que me pudiera resguardar y de pronto, caí por un agujero.


     Un boquete se abrió bajo mis pies y caí bajo una cúpula de piedra, la luz entraba por algunos agujeros en el techo, en cualquier momento debería haber podido salir de ahí fácilmente pero hacía tanto frío que apenas podía moverme. Busqué a mi alrededor para ver si podía hacer una fogata con los materiales que estuvieran a mi alrededor, no había nada que pudiera utilizar, excepto una  máscara de madera junto a un cadáver que parecía tener mucho tiempo en ese lugar. Estaba a punto de encender  la máscara para calentarme a menos un poco, no tenía algo para iniciar un pequeño fuego pero en la ropa del cadáver había un pequeño diario, estaba a punto de arrancar unas cuantas páginas cuando vi un dibujo de una máscara, una máscara de sacerdote dragón.

     Me sentí inmensamente estúpida, por mi desesperación no vi la similitud entre las máscaras, las hubiese comparado inmediatamente pero la máscara del sacerdote dragón estaba guardada en la montura de mi caballo, según el diario la máscara de madera era la llave para un tesoro oculto, al parecer quedo atrapado igual que yo, la situación no pintaba bien.


     Intenté levantarme para buscar una salida accesible con mi condición actual pero el hielo me hizo resbalar, caí boca abajo junto a la máscara, por el golpe que me di en la cabeza pensé que lo que estaba viendo era efecto de una contusión, escuchaba un zumbido muy fuerte que solo podía identificar como una corriente de energía, todo se veía diferente, como si estuviera bajo una cortina gris que absorbía el color de las cosas, cuando me levanté, la distancia entre la mascara y yo aumentó, los efectos desaparecieron, entonces comprendí que si era tan probable que muriese en ese lugar, tendría que ver primero lo que esa máscara hacía.

     Me la puse sin pensarlo dos veces, el panorama cambió inmediatamente, hacia afuera solo podía ver niebla, el clima era bastante cálido, todo se sentía diferente, no se explicar muy bien que fue lo que sucedió pero, ya no estaba en Skyrim. Frente a mi estaba un altar con las masaras talladas en piedra, abajo de cada una podía ver los nombres de sus dueños: Hevnoraak, Otar, Krosis, Morokei, Nahkriin, Vokun, Rahgot, Konahrik y Volsung. Al parecer el liche que había derrotado era Volsung.

     Habría colocado la máscara de Volsung en su lugar si la trajese conmigo, pero al menos me dio una solución de supervivencia, el clima más cálido me permitió evitar la hipotermia y calentar mi cuerpo con el ambiente, cuando los efectos del congelamiento desaparecieron me retiré la máscara y regrese al mundo gélido de Skyrim, hacía frio pero mi cuerpo ya no estaba entumecido, eso me permitió alcanzar la salida y llegar al exterior nuevamente.


     Como podía escuchar a mas trolls a lo lejos, escondidos en la niebla, deambulando por aquellas ruinas, tuve que correr, intentar moverme despacio para no hacer ruido me pondría en una situación de peligro nuevamente con el frío. Inmediatamente escuche los alaridos bestiales de los trolls que se habían alertado de mi presencia nuevamente, usé mi cuerno de batalla para llamar a mi caballo una y otra vez, para cuando llegué a las escaleras principales pude verlo, salte a la montura y escapé a toda velocidad de ese lugar.

     El camino a Carrera Blanca a partir de Laberintia tuvo menos imprevistos, posiblemente por que cabalgué sin detenerme, al parecer en esta región del mundo hay muchos más objetos poderosos de lo que yo pensaba, me pregunto si en algún momento el poder me corromperá como a todos los humanos.

Comentarios