De regreso a las tierras heladas del norte, ahora conozco un poco más de la facción de altos elfos que he visto desde que llegue a Skyrim, parece que ahora tengo nuevos enemigos y un propósito más.
Luego de regresar a Carrera Blanca, invertí un par de horas en cobrar la recompensa de los bandidos que había abatido en mi ultima excursión y vender los artículos que pude conseguir para salir de nuevo a buscar más sitios de interés, pero antes, tenía que reponer fuerzas.
Luego de haber comerciado con los amables habitantes de la de la ciudad, me tomé un tiempo para hablar con la dueña de "La Yegua Abanderada" la posada de Carera Blanca, intenté ignorar el bullicio que hacían entre el bardo, un tipo quejándose de la seguridad de la ciudad y una mujer con armadura ofreciendo agarrarse a golpes con todos los que entraban a la posada. Luego de finalizar con las formalidades la mujer me pregunto por qué una chica joven está vagando sola en los peligrosos parajes de Skyrim, en realidad no dije muchas verdades a esa pregunta, tampoco iba a decirle que estaba en búsqueda de artefactos daedricos. Dada mi respuesta cortante "es solo una forma de ganarme la vida" ella me otorgó el informal título de la caza recompensas de Carrera Blanca, lo que me llevo a preguntarle por panfletos de recompensa, inmediatamente sacó un pequeño esquema de un mapa indicando la guarida de un grupo de bandidos que había asaltado una caravana de comerciantes un par de semanas atrás, tomé el panfleto agradeciéndole a la posadera, metí el último pedazo de pastel de manzana en mi boca y me levante de mi banco.
Llegué a su campamento en unas dos horas a caballo, subí una pequeña colina que me permitía ver perfectamente a los bandidos posicionados para anticipar cualquier amenaza que se acercara a sus murallas, pero la distancia entre ellos y yo no era tan grande. Desenfundé mi arco y lo tensé tanto como pude, comencé a disparar flechas desde mi posición, fue necesario compensar un poco la curvatura de la trayectoria de las flechas, pero no fue demasiado así que falle los primeros dos tiros, aún así los bandidos no podían verme aún, logre eliminar a dos de ellos antes de que se percataran de mi posición, los otros dos solo tenían masas y varas para defenderse así que optaron por correr hacia mi posición para intentar alcanzarme, como mi posición era ventajosa, los elimine antes de que se acercaran demasiado.
Normalmente no acostumbro actuar de esta manera, tal vez era por que estaba un poco cansada, tal vez no tenía tantos ánimos de lidiar con bandidos, o solo no estaba de humor, el punto es que entré a su guarida a escondidas, como todo estaba muy oscuro, fue muy fácil acercarme lo suficiente para eliminar a uno de ellos con una flecha en el cuello, de su cuerpo tome una llave que abría una reja, lo que me dio acceso a un pasillo que iba mas al fondo de aquella mina. Pude ver frente a mi un piso de madera y una recamara grande, iluminada con tres lámparas de aceite, podía escuchar a varios tipos hablar, entrar en un enfrentamiento directo hubiera sido un error por mi parte, dudaba de tener las posibilidades y definitivamente no tenía ganas de pasar mucho tiempo intentando evitar que me mataran, fue por eso que decidí probar suerte, apunte a una de las lamparas de aceite que, al recibir el impacto se tambaleó y cayo directo al suelo, pude escuchar como se estrelló y las flamas hicieron un sonido característico de combustión, unos tipos gritaron ante las quemaduras y una chica al desenfundar su arma, que pude escuchar desde mi posición, gritó: "quien fue!? donde estas!?", no pude percatarme de las armas que portaba ninguno de ellos por que no tenia línea de visión a sus posiciones, decidí inmediatamente disparar a las otras dos lámparas, tres bandidos se quedaron retorciéndose en el suelo, mientras las llamas consumían sus cuerpos y el más fuerte de ellos, mi objetivo, corrió por las escaleras para buscar al culpable, cuando se dio la vuelta para subir por el pasillo que daba a la recámara yo ya tenía mi arco tensado, aún cuando clavé 4 flechas en su pecho el pudo alcanzarme y golpearme con su maza de acero, tuve que soltar mi arco para desenfundar mi espada y de un movimiento de suerte, corté su garganta. Ese fue el final de esos bandidos, en un principio me pareció que esta incursión había sido demasiado sencilla pero razoné que si no hubiera actuado de forma sigilosa, probablemente los bandidos me hubieran superado.
Tomé los artículos de valor que pude cargar y salí del lugar lo más pronto que pude, me causaba asco estar en ese sitio, el ambiente tenia un aroma a podredumbre y carne quemada, ¿Como es que habían metido un mamut a ese lugar?
Cuando iba de regreso a Carrera Blanca, encontré una pequeña guarida en una cavidad sobre la roca donde esta cimentada la ciudad, después de observar un rato pude ver que había personas traficando skooma, como denunciarlos a los guardias no tendría mérito ni recompensa, decidí eliminarlos por mi cuenta, pensé que en cualquier caso, el botín sería algo de lo mas simple y vana salvo tal vez algunas sustancias penadas por la justicia de la ciudad, pero me equivoqué.
Abrí el único de sus cofres que parecía tener algo que pudiera valer la pena, al fondo, había una especie de orbe con una geometría irregular, es como si el artefacto fuese de marfil o una perla muy extraña tal vez, su superficie sólida y color blancuzco mate por momentos parecía transparentarse con la refracción de la luz que entraba desde afuera, la voz de una autoritaria mujer me sorprendió, fue casi como si estuviera hablando directamente en mis oídos, inmediatamente me giré, intentando anticipar a algún bandido que me hubiera emboscado pero no había nadie. "Una nueva mano toca la luz" escuche en un primer instante, la mujer me exigió de forma muy autoritaria que atendiera a sus palabras, aunque yo me concentraba en intentar encontrar donde estaba escondida, fue frustrante escucharla tan cerca pero no poder divisarla. "Atiende!" me reprendió la mujer, continuó hablando conmigo pero por la impresión, debo admitir que no presté la atención que debía.
Luego de un rato, después de sentarme sobre aquel cofre unos minutos para calmarme un poco, razoné lo que estaba sucediendo, era ¿Un Daedra?, prácticamente me pidió dirigirme a su templo para "limpiar el mal que yace en sus entrañas", no podía saber a que se refería, tenía que saber a que me estaba enfrentando, así que continué mi camino a Carrera Blanca.
Llegue al anochecer a la ciudad, en cuanto entré pude ver a un vampiro y a su esclavo peleando con un par de guardias de la ciudad, tal vez debí haber intervenido pero los guardias se manejaron bien, uno de ellos logró atravesar con su espada el pecho del vampiro, luego el esclavo del vampiro intentó huir para ser alcanzado por el otro guardia, quien le disparó con su ballesta. Cuando la pelea finalizó uno de ellos enfundó su espada mientras refunfuñaba sobre la situación con los vampiros "tenemos que hacer algo con estos vampiros!". El otro guardia revisó los cuerpos y sacó algunos objetos de valor de sus bolsillos, yo de verdad esperaba que les tuvieran suficiente miedo o respeto como para no tocar los cuerpos y poder saquearlos.
Usé materiales de herrería que logré conseguir en la guarida de los bandidos para forjarme una armadura nueva, que soportara un poco más el daño, no es que tenga planeado recibir a manos abiertas las armas de mis enemigos pero ese ultimo golpe que recibí de aquel bandido en la guarida, me hizo mas daño del que debía.
Sundas 24° Ultima semilla, año 201 de la 4ta era
Dormí más de lo que estoy acostumbrada esta noche, ayer fue un día agotador, como si el viaje a Carrera Blanca no hubiera sido agotador, me pasé desde el amanecer hasta la madrugada cabalgando, luchando, comerciando, ahora tenía que investigar y buscar información sobre lo que iba a hacer a continuación con el tema del Daedra que me habló la noche anterior.
Desperté y decidí no ponerme de nuevo la armadura que había usado la noche anterior, era un tanto "opulenta" por lo que me puse la vieja armadura de cuero que tenía a la mano para salir a comerciar a la ciudad, al fin y al cabo, los vampiros no atacarían la ciudad a la luz del día. Hablé de nuevo con la posadera, un poco sobre los Daedra, para ver si conocía algo de su historia, mitología, detalles que me pudieran ayudar, como es un tema que asusta a la mayoría me dijo que no podía ayudarme con eso "pensé que eras caza recompensas querida ¿Para que quieres saber eso?" De cualquier forma me recomendó buscar "El libro de los Daedra", al parecer este libro relata las características y particularidades de los príncipes de Oblivion, terminé mi estofado de pata de cabra y salí para ir a hablar con Belethor , un comerciante de baratijas que tiene su negocio justo en frente de la posada.
No tuve suerte, el mercader no tenía ese libro entre sus pertenencias, me dijo que posiblemente podría encontrar información en el templo de la ciudad, por lo que me dirigí al distrito del viento, en el adornado por un enorme árbol viejo y seco, pude ver caminar a una sacerdotisa de Kinareth en la plaza y a un viejo loco predicando en el nombre de Talos. Me presente con la sacerdotisa y le pregunté por el libro, una vez mas recibí una negativa, "Los hombres de la luz adoramos a los Aedra, criatura de Kinareth, solo los elfos y los corrompidos adoran a los Daedra". Por fortuna creo que mi cabello cubre lo suficiente mis orejas para evitar caer en el prejuicio de aquella sacerdotisa, pero me dijo algo valioso, podría encontrar el libro con los elfos y los únicos elfos que he visto hasta el momento son los Thalmor.
Decidí vender algunas cosas y mejorar mi equipo antes de salir, vi una amable anciana vendiendo joyería en la plaza así que me acerqué para preguntarle si le interesaba comerciar conmigo por un par de anillos de plata que tenía en mi bolsa, al final. Luego de comerciar con Fralia, quien me comento que todas sus joyas eran forjadas por Eorlund Melena Gris, quien es su esposo, no suelo socializar mucho con las personas para no establecer lazos emocionales pero la escena que se desató a continuación me enfureció, un tipo con armadura imperial se acercó a discutir con Fralia, quien inmediatamente le acusó de haber secuestrado a su hijo con fines políticos, el imperial de nombre "Olfrid" unicamente se limitó a etiquetarla de loca y senil, interrumpí su discusión prácticamente con mi presencia, me puse entre ellos dos y miré fijamente al imperial, quien me regreso una mirada de desaprobación y se marchó ante las provocaciones. Sin mucha intención de inmiscuirme le pregunté a Fralia si en realidad pensaba que ese hombre tenía a su hijo, ella me dijo que no era seguro hablar en la calle, me pidió ir a su casa, en ese momento intuí que me había metido en un asunto bastante denso de manera innecesaria, solo espero que esto no intervenga con mis objetivos.
Cuando llegue a su casa me recibió de forma poco cordial un tipo, con un hacha de dos manos y de forma muy amenazante me pidió que me identificara, Fralia abogó por mi inmediatamente, le convenció al tipo de confiar en mi, "Soy Alvustein Melena Gris", guardó su hacha inmediatamente y me puso al tanto de la situación, Alvustein tenia fuertes sospechas de que los imperiales habían tomado prisionero a su hermano Thorald, pero no tenía evidencia para confirmarlo, como Olfrid es un tipo que inmediatamente se hizo merecedor de mi desaprobación, accedí a la petición de Alvustein de allanar la casa del clan Batallador para buscar pruebas de la custodia de su hermano, a plena luz del día, decidí no perder tiempo, salí de la casa, camine de forma despreocupada, a la casa del clan Batallador, revisé a mi alrededor que no hubiera nadie cerca, unicamente pude ver a unos niños corriendo que rápidamente desaparecieron ocultándose mientras jugueteaban de camino al patio trasero de la casa de Adrianne la herrera.
Forcé la puerta con unas ganzúas y entré sin hacer mucho ruido, parecía no haber nadie en casa pero decidí no arriesgarme revisando todas las habitaciones así que fui directo a la recamara principal, vi una puerta inusual en la recamara que me llevó a un pequeño cuarto con lingotes de plata y joyería en estantes, si ese lugar guardaba cosas importantes tal vez ahí podría encontrar algo, pude ver un papel encima de un escritorio, era una misiva de custodia, no la leí por las prisas y los nervios de que me descubrieran pero identifique el nombre de Thorald en el, era precisamente lo que estaba buscando.
Alvustein vio la carta y frunció el ceño inmediatamente, "es peor de lo que pensaba, lo tienen los Thalmor, tengo que ir a sacarlo de ahí". Pero, ¿Quienes eran los Thalmor? Luego de una corta charla me explicó la situación política, ellos están encargados de vigilar que se cumpla la prohibición del culto a Thalos y son enemigos de todo aquel que tenga algo que ver con los Capas de la Tormenta, al parecer me vi de nuevo involucrada en los temas políticos de Skyrim, pero algo bueno surgiría de todo esto, si voy a visitar a los Thalmor, probablemente pueda encontrar información sobre los Daedra, no puedo perder esta oportunidad, le ofrecí a Alvustein traer a su hermano con vida, el se mostró renuente al principio pero lo convencí, no es que crea que puedo con los Thalmor por mi cuenta pero sinceramente me rompe el corazón ver a Fralia sufriendo por sus hijos, creo que haré mi buena acción del día.
Viajaría al norte de nuevo, tampoco es que me guste mucho el clima pero era necesario, es por eso que fui a hacerme de provisiones y a gastar todos los ingredientes de alquimia que estuve recolectando durante un tiempo, no soy muy diestra de las artes alquímicas pero en cuanto descubrí las propiedades de los ingredientes adecuados hice tantas dosis de veneno como pude, compré todas las flechas que me alcanzó con el oro que tenía en ese momento y lo empaqué todo en mi mochila para cargarlo hasta la montura de mi caballo, no podré cargar con todo eso durante un combate, tendré que administrarlo.
Antes de salir decidí probar suerte con mis habilidades de herrería, le pedí prestada la forja a Adrianne quien aceptó inmediatamente, es amable conmigo, ya he comerciado suficiente con ella como para ganarme su confianza, le compre algunos lingotes de piedra de luna, es un material especial que aparentemente es tan duro como el acero pero es más vistoso, limpio e ideal para imbuirle con sustancias ya que su superficie con patrones irregulares puede absorber y retener líquidos por mayor tiempo. Comencé derritiendo el material en el horno para darle una forma alargada, intentaba hacer una espada, cuando obtuve la primera versión de una espada agregué mas piedra de luna y la estuve golpeando hasta que se comprimió con la espada, después de unas 4 horas de estar golpeando el material y verter varias capas del material en la espada, logré comprimir y templar un estoque que brillaba como si tuviera luz propia, la facilidad de este material para reflejar la luz es notablemente mayor que cualquier metal.
Antes de que me alcanzara la noche, salí de la ciudad y llegué hasta un fuerte que se ubica al oeste de Carrera Blanca, pensé que si estaba ocupado por bandidos podría echarlos y quedarme ahí para pasar la noche, pero para mi sorpresa ese fuerte estaba ocupado por Capas de la Tormenta, acababan de llegar, incluso aun había algunos bandidos vivos cuando yo llegué, no tienen nada en mi contra ni yo en contra de ellos pero no confían en mi lo suficiente como para compartir el fuerte, por lo que tuve que seguir adelante. Más al Oeste encontré un tótem, un pequeño altar donde pude ver nuevamente a mi amigo M´aiq, no se si ese gato esta bien de la cabeza pero me mencionó algo sobre que Skyrim estaba lleno de mariposas en el pasado, ¿Que se supone que significa eso? ¿Es literal? Dudo que con un clima tan frío puedan proliferar más ese tipo de criaturas. Me alcanzó por completo la noche pero decidí no detenerme, luego de despedirme de M´aiq, quien aun estaba resentido por no haber huido sin pelear con los gigantes en la ocasión pasada, me dirigí mas al Sur, donde pude ver un campamento de bandidos, como yo no llevaba iluminación, la noche me oculto bien, yo podía ubicarlos perfectamente por sus lámparas de aceite, por lo que comencé a eliminar a los bandidos a distancia uno por uno.
Cuando entré al campamento, me delató el vislumbre de mi espada así que tuve que arreglármelas cuerpo a cuerpo con algunos bandidos, esta vez no recibí ningún impacto, quiero pensar que mis habilidades han incrementado en lugar de suponer que solo tuve suerte, pude encontrar algunos objetos de valor en su guarida, descansé hasta el amanecer antes de seguir adelante.
Durante el día siguiente, cabalgué hasta ver de nuevo aquel castillo que encontré en el horizonte el día que llegue a Skyrim, tan lejos nuevamente y pude ver una guarida, no estaba segura que ese fuera el lugar a donde tenía que ir a buscar a Thorald pero el reflejo de unas armaduras doradas fue suficiente para confirmar que era la ubicación correcta, ese lugar estaba custodiado por elfos, elfos que me costo mucho trabajo eliminar, principalmente por que todos usan magia, aún cuando la mayoría estaba vistiendo esas armaduras relucientes, son todos unos paladines, unos caballeros que tuve que envenenar uno tras otro hasta agotar mis reservas de veneno, a más de uno tuve que rematar en el suelo, afortunadamente en ningún momento me tuve que enfrentar a mas de uno a la vez, dada su fuerza, su resistencia y su capacidad mágica, enfrentarme a más de uno al mismo tiempo sería una situación muy peligrosa.
Thorald estaba siendo torturado por un mago elfo con una capucha con las insignias de los Thalmor, logré atacarlo por la espalda para inhabilitarlo y sacar a ese tipo de ahí, como ya conozco la fama de esos elfos, abrí todas las celdas, había hombres del norte capturados, incluso había un argoniano, todos corrieron a la salida sin pensarlo, sin decir una palabra.
Al salir Thorald me dijo que lo habían torturado para dar información sobre los Capas de la Tormenta y los adoradores de Talos, no había otra salida, los Thalmor buscan a los hijos Melena Gris, los imperiales los ven como enemigos, su única opción seria unirse a los Capas y esperar que el resultado de la guerra estuviera de su lado, por lo que Thorald no regresaría conmigo a Carrera Blanca. No quedaban muchos motivos para quedarme en ese calabozo, no había mucha información para mi en ese lugar, al final, no pude encontrar libros ni rumores, ni si quiera una leve mención de algún Daedra.
El ambiente era gélido y la oscuridad se apoderaba lentamente del cielo, tuve que viajar al sur tanto como pude antes de buscar un refugio, donde hice una fogata y arme mi tienda de campaña para resguardarme del frío, estoy muy lejos de Carrera Blanca ahora mismo, se termino mi comida, agote todas las dosis de veneno que traia conmigo, no encuentro animales para cazar, creo que tendré que viajar a Soledad nuevamente, todas estas baratijas élficas no me sirven de nada si me voy a morir de hambre o de frío.











Comentarios
Publicar un comentario