Cacería de bandidos | Tirdas 19 Última semilla, año 201 de la 4ta era


     Le pedí al hombre del carruaje que se dirigiera a Soledad, pese a los peligros que involucra viajar por Skyrim, mi Ataxia había empeorado bastante, el cansancio me pesaba y en cualquier caso mis capacidades defensivas estaban muy limitadas.

    Dormí todo el día hasta la tarde del 18, poco antes de las 7 de la tarde llegamos a Soledad, en cuanto cruce la puerta, me dirigí con la alquimista de la ciudad y tome una dosis de poción para curar enfermedad, los síntomas cesaron un poco a partir de ese momento.

     Vendí el equipo que me sobraba y lo que pude rapiñar durante mi excursión anterior, también procese algunas pieles para hacerlas correas de cuero, conseguí algunas flechas, me hubiera gustado reparar mis armas y armadura, no quisiera verme en la necesidad de reemplazarlos pero no tengo materiales, oro suficiente ni habilidad. También pensé en que necesito un caballo para moverme más libremente, no quiero depender de extraños ni recorrer tanto trayecto a pie.

     Como todos los establecimientos ya estaban cerrados y yo aún me sentía débil, fui a la posada "El Skeever Travieso" para rentar una habitación, me parecía irónico, como si no hubiese tenido suficiente ya de skeevers... Durante el transcurso de la noche los síntomas de la Ataxia fueron desapareciendo, por la mañana casi me había recuperado por completo.


     Por la mañana del 19 de la Última semilla, luego de desayunar hable con el dueño de la posada, para solicitarle trabajo, me dijo que estaban ofreciendo una recompensa por un bandido de la localidad y me entregó un panfleto. Me pareció que la ubicación de la guarida de aquel bandido estaba más al norte según el panfleto, ya hacía bastante frío en Soledad así que supuse que iba a ser duro. Salí a la calle a buscar provisiones para el viaje y encontré una plaza con algunos puestos donde pude comprar alimentos.

     
     Hablé un poco con los comerciantes del lugar, inmediatamente se dieron cuenta de que no era de por ahí, pregunté acerca de la ejecución de un criminal que decapitaron justo cuando yo llegué a la ciudad, al parecer son un poco más frecuentes las ejecuciones en las ciudades aliadas con el Imperio de Cyrodil. Salí de la ciudad y pase por los establos, donde pregunté al dueño cual sería el precio de uno de sus caballos, acordamos mil septims, me parece un precio justo aunque me pareció en ese momento que tendría que hacer varios encargos para juntar esa cantidad de dinero.


     Continué caminando al Noreste para dirigirme a la ubicación que marcaba el panfleto y una vez más me tope con esos elfos, parece que mientras más al norte voy es más común verlos merodeando por ahí, como ya me lo esperaba, ni si quiera voltearon a verme.

     El paraje comenzó a ponerse blanco por la nieve, la temperatura bajo tanto que tuve que detenerme y encender una fogata para ganar un poco de calor, lo ideal hubiera sido encontrar un refugio pero era muy peligroso arriesgarme a quedar inconsciente de nuevo por la hipotermia buscando un lugar donde resguardarme, así que hice una fogata junto a unos arboles a un lado del camino y descansé unas horas.


     Aún me faltaba un tramo de las montañas por subir, al parecer el camino cruzaba la cadena montañosa y me llevaba por la playa a un lugar escarpado con una pequeña cabaña donde se supone, encontraría a estos bandidos, las ramas secas que use para encender la fogata no duraron mucho pero el resto de los materiales que llevaba conmigo ardieron bien.


     El clima extremo me hizo pensar que tal vez debería conseguir un atuendo más adecuado, pero uso lo que tengo a la mano ya que lo perdí todo en el naufragio hace dos días. Me asegure de ganar suficiente calor corporal antes de apagar la fogata y continuar para cruzar las montañas.

     Al bajar, pude ver unas rocas que eran rodeadas por un camino que subía de regreso a las montañas, suponía que dando la vuelta por ese cruce, estaría la choza que buscaba, los bandidos me divisaron sin que yo me diese cuenta, bajaron corriendo con sus armas ya desenfundadas y apenas tuve oportunidad de tomar mi masa para defenderme. 


     Su cabeza no estaba protegida por lo que con un fuerte golpe en la cien cayó al suelo, el otro bandido arremetió contra mí atacándome con una vara de madera, fue doloroso pero no me provoco mucho daño, pude reducirlo con unos cuantos golpes, supuse que habría otro por que ninguno de los dos era el buscado en el panfleto, en cuanto me acerque para subir el camino pude ver al tipo saliendo de la choza con un casco con cuernos y una enorme hacha de hierro a dos manos, el alcance de su arma era terrible y me daba la impresión de que si me alcanzaba, me provocaría daños irreversibles, la única manera de salir viva de esa situación era hacer un "baile perfecto".

     Descargue unas cuantas flechas mientras el corría hacia mi, siempre procuré mantener la distancia aunque sinceramente esta vez me pareció muy difícil.


     El frío quemaba la punta de mis dedos, casi no podía sentir nada cuando tensaba el arco, un par de flechas salieron disparadas muy lejos de mi objetivo por culpa del clima, incluso podía sentir una capa de hielo enfriando mis mejillas a través de la capucha de cuero. Aún así logre asestar algunas flechas al jefe bandido, aunque no sirvieron de mucho, su armadura de hierro era fuerte contra mis proyectiles.

     En varias ocasiones pude asegurar que su hacha me iba a partir en dos, pero siempre pude rodar a un lado para evitar sus ataques, golpearlo a los lados de la cabeza para des estabilizarlo funciono un par de veces y yo aprovechaba para darle de lleno con mi masa, de alguna manera sentía como si no le hiciera daño alguno, mi masa se sentía impotente ante su armadura, llegue a pensar en desistir por que el combate se estaba alargando demasiado y yo ya había abusado mucho de mi suerte.


     Logró alcanzarme en una ocasión, recibí su hacha con la placa de mi hombro izquierdo en un ángulo descendente y aún así me hizo mucho daño, no podía usar mi mano izquierda, el dolor era intenso y el combate parecía estar lejos de terminar. 

     En un momento de desesperación, corrí a la choza, que ni si quiera tenía techo y me resguarde para ganar unos momentos para intentar recuperarme, intente curar mis heridas con mágica pero eran de gravedad, el jefe bandido me alcanzó en la choza y tuve que pegar un salto hacia abajo de nuevo, así estuvimos jugando un rato al "pilla pilla" hasta que uno de sus pies se atoro con una silla de la choza, fue cuando tome mi oportunidad y lo golpeé hasta que quedo tirado en el suelo cubriéndose la cabeza. Tome mis distancias para intentar recuperarme también, sentía como si estuviera golpeando a un oso, como si mis golpes fueran inefectivos. El bandido se levanto y empuño fúrico su hacha, buscándome con una mirada frenética mientras se limpiaba la sangre de la cara con su mano izquierda, al verme en la orilla del peñasco cargó contra mi nuevamente, yo había colgado la masa en mi cintura nuevamente y estaba empuñando el arco, lo levante y apunte directamente a su cabeza, esperando poder flanquear las molduras de hierro de su casco. Solté una flecha que entró por su ojo izquierdo y chorreo sangre a borbotones, el bandido se cubrió la cara ya con la flecha en su cabeza y dio unos cuantos pasos desequilibrados hacia mí, en ese momento solté el arco para tomar mi masa y darle un fuerte golpe en su rostro, el pobre infeliz cayó hasta el fondo.


     Tuve que resguardarme unas horas en la guarida de aquellos bandidos, para ganar un poco de calor y para recuperarme de mis heridas, pensé que definitivamente tengo que ser más fuerte si quiero empezar a buscar objetos diédricos.


          Las horas pasaban y yo debía regresar a la ciudad, bajo ninguna circunstancia quería pasar la noche en un lugar como ese, seguramente moriría. Antes de marcharme saque algo del botín que tenían en ese lugar, unos 150 septims y me llevé tanto como pude cargar en armas y materiales de flechería, tuve que detenerme de nuevo en las montañas para hacer una fogata y así evitar morir de congelación pero finalmente llegue de nuevo a Soledad, justo a tiempo para vender todo lo que conseguí en esta excursión y cobrar la miserable recompensa de 100 septims ¿Es en serio? si me robase un bollo dulce de la posada seguramente es el precio que pondrían por mi cabeza, malditos imperiales tacaños.


     Cuando salí del palacio azul, pensé que había terminado completamente mis actividades ese día, ahora solo tenía que regresar a la posada para descansar y prepararme para mi siguiente excursión.

Comentarios